La Maquina

Noviembre 27, 2006

El geómetra terminó de construír la máquina.

Dicen que los matemáticos sólo viven de abstracciones. Que cuecen conceptos extraños a servir en banquetes en los que no se admiten no iniciados. No.

Los matemáticos son como cualquier otra persona. Se apasionan con lo que hacen y creen en ello. Aunque no entienden bien lo que hacen y lo justifican de una forma un poco rara. A eso lo llaman filosofía de las matemáticas o fundamentos de las matemáticas.

Algunos, los llamados platónicos, creen con demasiada fuerza, y sostienen que las matemáticas existen independientemente de las personas. Otros, los llamados formalistas, creen con demasiado poco entusiasmo, y reducen las matemáticas a ristras de fórmulas lógicas más parecidas a un crucigrama que a otra cosa. Finalmente, los intuicionistas sólo creen en una forma muy reducida de matemáticas que sólo admite lo que es finito, y acusan de fantasioso a aquel que usa el peligroso -y poderoso- concepto de infinito.

¡Filósofos! Están todos locos.

¡Qué más da! El geómetra se ríe hoy de todos ellos y no pierde el tiempo con esas interpretaciones, al fin y al cabo no hay respuestas últimas sobre el Universo. Pero él ha encontrado una respuesta más profunda que nadie hasta ahora.

Los físicos han sospechado mucho tiempo que hay una multitud de universos paralelos donde ocurre todo lo que puede ocurrir. Digamos que si alguien arroja un dado de seis caras, en ese mismo momento nacen seis universos, y en cada uno de ellos ocurre un evento diferente, un resultado diferente del dado. Cada acontecimiento que implica azar ramifica el universo, más y más y más. Y la mecánica cuántica, la ciencia última que permite entre otras cosas la existencia de ordenadores, es clara en sus conclusiones. El universo a nivel subatómico está regido por el azar de forma completa y absoluta.

 

 

Las teorías del geómetra van más allá. Le ha dado estructura a esta multitud de universos. Ahora sabe como son, sus teoremas no le mienten, está seguro de ello. Lo entiende fácilmente usando una analogía sencilla. Los universos son como un conjunto de ríos y canales conectados, el agua siempre fluye, nunca para, pero cada canal o río se divide, se vuelve a dividir, a veces se vuelve a reunir, es un entramado caótico pero se puede dibujar un mapa y entender como funciona. Las personas son como peces arrastrados por la corriente, nadando toman decisiones conscientes que les llevan por un camino vital, a veces el azar les arrastra por uno u otro canal, pero muchos otros son posibles.

Hay universos mucho más cercanos, en cierto sentido, que otros. Por ejemplo, ayer un equipo de fútbol ganó un partido gracias a un penalty. El delantero tiró ajustado al palo y nosotros vimos como marcaba gol. En otro universo, la pelota se desvió una cantidad indistinguible por puro azar cuántico, y de todos modos entró. Ese universo no es apenas diferente del nuestro y no está en nuestra capacidad humana el diferenciarlo. Según la teoría del geómetra, es un universo cercano.

Sin embargo, en otro universo el más ridículo de los azares, un pequeño destello, un puñado de fotones conspiraron y por pura casualidad golpearon simultáneamente la retina del delantero en el momento que iba a chutar, distrayéndolo y haciendo fallar su penalty. Este universo aún mientras estoy hablando se aleja de nosotros, porque cambió la quiniela, la quiniela cambió una vida diferente, y estas vidas acabarán cambiando el mundo.

Claro que de ese universo posiblemente nació otro donde otro evento azaroso hizo que el mismo delantero que pifió marcara por pura casualidad, equilibrando el partido. Ese universo está muy cerca del nuestro y la única diferencia está en los periódicos deportivos, donde se narra otra historia que llevó al mismo resultado, y en la poca confianza subsiguiente en este delantero para tirar penalties. Pero eso es otra historia.

Hay ejemplos más drásticos. Hay universos donde Hitler ganó la guerra y todos hablamos en alemán o japonés, y universos donde todos vivimos bajo un régimen comunista. Esos mundos están ya muy lejos del nuestro. En otro universo la guerra nuclear acabó con la Tierra. Ese universo está aún más lejos. Y en otros, ni siquiera existe la Tierra o la vida no surgió en ella. Esos universos están más allá de nuestra comprensión.

El geómetra ha desatado el gran poder de las matemáticas para comprender este sinfín de mundos, y ha llegado más lejos de lo que él mismo esperaba. Ha intuido una forma de viajar entre mundos, una forma de retorcer esta extraña miríada de universos para conectarlos de forma temporal, a través de lo que él ha decidido llamar una singularidad probabilística, pero finalmente decide acortar y denominarlo, simplemente, Túnel. Crear este Túnel no es tan difícil como esperaba, de hecho entiende que se producen de forma natural en ciertas circunstancias muy especiales. No tiene mucho sentido el intentar explicar el por qué de la existencia de estos Túneles, pues surgen de las ecuaciones del geómetra y no de su intuición. A él se le escapa el interpretarlos. Pero son una consecuencia clara de su teoría, su existencia es posible en determinadas condiciones “geométrico-probabilísticas” que pueden ser forzados por determinados eventos aleatorios en ciertas geometrías.

Sólo hay dos condiciones.

Primero, el Túnel tiene que tener una salida y una entrada. Esto significa que tiene que haber una máquina casi idéntica a la que tiene el geómetra ha fabricado en otro sitio, para que un viaje sea posible. En que sentido casi idéntica lo explican cincuenta páginas repletas de ecuaciones que no pueden ser explicadas aquí. Así pues, la máquina encendida tiene dos estados, uno de ellos abre un Túnel a este mundo y permite el viaje desde otro, y la otra permite viajar en el sentido contrario. Una consecuencia de este hecho es que nunca se puede volver al mismo universo de partida, o por lo menos a la misma máquina.

Segundo, el viaje es sólo posible a universos no muy lejanos del nuestro o desde ellos en el momento que se enciende la máquina. Cuanto de lejano o cercano está cuantificado en el trabajo del geómetra en término del número de sucesos cuánticos diferentes, pero es imposible de traducir en términos reales, tangibles. Tal vez fuera posible viajar sólo a mundos tan parecidos que no mereciese la pena el hacerlo.

El geómetra acaricia la máquina mientras se prepara para su primer viaje.

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